A pesar de sus imperfecciones, la levodopa administrada por vía oral (L-dopa) es considerada como el “estandar de oro”
en la terapia de la Enfermedad de Parkinson ya sea por su impacto sobre la discapacidad como por su costo-efectividad.
Los pacientes tratados con L-dopa obtienen una mejoría sustancial en la mayoría de las alteraciones parkinsonianas, presumiblemente mediante la conversión de este aminoácido en dopamina en el estriado. Sin embargo, la pregunta que queda es ¿cual es el mecanismo de acción completo y como las reacciones adversas evolucionan?. Varios aspectos de la fenomenología clínica asociados con el uso crónico de la L-dopa (diskinesias y fluctuaciones motoras) continúan siendo un desafío para lograr un mejor entendimiento de su farmacología.
La farmacocinética de la L-dopa tiende a predecir algunos problemas que surgen durante la terapia crónica, que pueden estar ligados con la absorción irregular y la marcada variabilidad en las concentraciones plasmáticas entre una dosis y otra. Nuevos estudios se están realizando con diferentes enfoques para así mejorar la absorción y de esta forma aumentar la consistencia de los efectos anti-parkinsonianos.
